En nuestro paso por Santa Cruz, la Gitana tuvo fuertes experiencias.
A la hora de salir de caminata por las montañas y rearmar nuestras mochilas para tales fines, ella se veía totalmente bardeada.
Así estábamos a la mañana siguiente del retorno al Chaltén.
A paso lento y tras un par de horas rearmamos los bártulos para continuar viaje.
Se venía la ruta 40 enripiada !
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Ahí la gitana empezó a sentir el traqueteo del serrucho y las piedras, que segurían por muuuchos kilómetros santacruceños … y que terminó siendo costumbre en la segunda parte del viaje, a medida que fuimos subiendo.
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