Continuando con una antigua nota de aruel acerca de nuestros paseos por el humeante Chaltén, dentro del PN Los Glaciares…
Luego de un intenso día de caminata, iluminó la luna llena, sopita y a la bolsa.
Fue una fresca noche en el campamento Poincenot y despertamos con el cielazo soleado que nos hizo disfrutar de unos buenos mates y arrancar calentitos un nuevo día.
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Con ganas de ver y ver y conocer aquel lugar alejado al que nuestros pies llegaron, primero nos fuimos de paseo por un sendero que sale desde el campamento hacia Piedras Blancas. Otra ronda de mates al sol y la infaltable vista increible (porque es así, todo es un espectáculo), en este caso de otro glaciar.
No podíamos demorarnos mucho porque la travesía continuaba.
Previamente habíamos desarmado campamento, dejando las mochilas listas, a la espera de nuestros hombros para seguir camino al próximo campamento, llamado D’Agostini, aproximadamente a 3/4 horas de caminata.
Objetivamente el camino es llano y bastante abierto, de a ratos se interna en el bosque más tupido y se atraviesan las lagunas Madre e Hija.
Subjetivamente, se me hizo laaargo !!! Como todo en la vida, hay días y días, y éste no fue uno en el que mi ánimo bailara de contento.
El cansancio físico que tenía se manifestó con un tanto de malhumor por mi parte porque no quedaba otra que caminar, caminar con la mochila, y caminar hasta llegar, que nunca se sabe cuándo.
Tantas cosas pasan por uno ahí ! Y eso es lo fascinante y potente del caminar, además de los lugares que se transitan, lo que uno siente en cuerpo y mente.
Tras horas de andar y poco hablar, atravesando lengas y más lengas, la vista del Fitz Roy quedó atrás y aparecieron otros picos hermosos, el Cerro Torre y sus compañeros.
La calma del alrededor era otro regalo de la naturaleza. Ya estaba atardeciendo y con la luz particular de esa hora llegamos al campamento D’ Agostini, que como el otro, está ubicado en un bosque cercano al río. Ambos son agrestes, es decir, sin servicios, cuentan con letrinas pero, en mi opinión, mejor los yuyitos (manteniendo la limpieza, por supuesto).
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Tomamos un rico café batido, armamos la carpa y bajó el cansancio para todo el grupo.
Así que ni bien empezó a caer la fresca de la noche, que siendo abril y estando cerca de los glaciares, era importante, ya nos metimos en nuestra querida carpa.
Noche de viento y el cielo que amaneció tapado, estaba tapadísimo a las pocas horas.
Esta vez el cansancio le hizo efecto a Aru, y no salió de la carpa hasta tarde. Mientras tanto con Gaby y Sol fuimos a conocer la Laguna de los Témpanos, que por suerte! estaba a pacitos del camping.
Como indica su nombre, se ven de cerca los témpanos flotando en la laguna. Tremendo viento había y espesas nubes tapaban los cerros, así que volvimos al camping para debatir si quedarnos o irnos.
La inminente tormenta fue más fuerte que la fiaca de armar y de nuevo caminar. Con energía y velocidad, emprendimos la vuelta al pueblo del Chaltén.
Como de costumbre, en el camino nos la pasamos hablando de todo lo que íbamos a comer al llegar. Dicho y hecho, ya en la gitana nos comimos unas empanadas con cerveza y seguimos degustando en el barcito del pueblo. Ahí vimos la lluvia, que finalmente llegó y con toda.








