4 días de haber dejado atrás a Buenos Aires, llegamos a Puerto Pirámides. Pequeño pero super completo poblado turístico de la mítica Península de Valdés. El calor seguía haciendo de las suyas en estas desérticas playas, pero en vez de buscar reparo bajo la sombra de algún paredón (los árboles casi no existen), decidimos emprender nuestra primer caminata.
Pies descalzos sobre la arena rumbo sudeste a la playa de las cuevas, sólo accesibles en las horas donde la marea, cual bolsa en tiempos de crisis, anda en baja. El camino es super simple, 5 kilómetros de playa sin desnivel que aprovechamos para apreciar el hermoso paisaje por delante y el dejado atrás.

Juntando basura
La bajada del mar dejaba al descubierto los sucios hábitos humanos: basura por doquier. Fue así que entre ida y vuelta recogimos dos bolsas tamaño familiar de basura… desde paquetes de galletitas y otros productos, botellas de plástico, cajitas de tetra, pañales, pilas… en fin, no sería ni la primer ni la última vez que destinamos nuestro tiempo en la naturaleza en juntar desechos no biodegradables.
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Llegados a las cuevas formadas durante años y años del jueguito del sube y baja de la marea, caminamos ya con el agua por las rodillas y recorrimos un par de ellas… desde pequeños aleros hasta cuevas de varios metros de altura y profundidad brindan excelentes oportunidades para lindas tomas fotográficas de la bahía que encierran.
También pudimos disfrutar de la presencia de un pequeño lobito marino que alejado de su colonia reposaba bajo el Sol.
Una vez vueltos a Puerto Pirámides, disfrutamos de un reconfortante almuerzo.
Como aún quedaban varias horas de luz, tiempo libre y fuerzas renovadas, decidimos explorar hacia el otro extremo de la bahía. Esta vez el camino presentaba otra orografía: subidas y bajadas por bardas y acantilados, pequeños senderos con precipicios no aptos para personas que sufran vértigo, costa de rocas y un poco de estepa de matorrales…..
Bordeando la costa por las alturas, y al poco tiempo de andar, uno da cuenta de que esta caminando sobre millones de fósiles! Metros y metros de capas formadas por restos de caracoles, conchas y vertebrados marinos; una experiencia increíble!
Ya atardecía y al no tener un destino fijo, seguimos caminando hasta llegar a la lobería de la punta de Puerto Pirámides, lugar donde nos tentamos con la idea de volver al poblado por la ruta que encontramos. No fue así ya que preferimos volver por lo andado, lo cual aportó un poco de adrenalina y diversión al no encontrar en un principio el camino correcto de vuelta! Buscando y buscando el rastro finalmente dimos con él… merecida fue la cervecita que disfrutamos al volver, nuestra primer caminata de casi todo un día nos llenó el corazón y encendió el espíritu caminante que marcaría muchos de los días por delante…
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